Casas de Altavista
Arona Casco 38640 Arona (Tenerife)

Casas de Altavista: lugar de nacimiento de Arona.

Antes de la conquista ya había una importante población aborigen asentada en los terrenos de lo que hoy es Arona. Pero es desde que en 1625 se le adjudicaran a Antón Domínguez, “el Viejo”, casi todas las tierras desde Los Cristianos hasta Los Quemados, y su hijo se estableciera en las “Casitas de Altavista”, a las afueras del actual núcleo, y fundara la ermita de San Antonio Abad, cuando se considera que se inicia la historia de su poblamiento.

Como en casi todo el sur, se trata de núcleos de población dispersos, condicionados en cuanto a su desarrollo por la escasez de agua y suelo y por la climatología. Esa gestación va articulándose a partir de la mencionada ermita y toma impulso cuando un determinado grupo de personas se proponen la consecución de una entidad administrativa separada de Vilaflor, que les permitiera aumentar su protagonismo social en la primitiva comunidad rural existente en esos momentos. Ese proceso culminaría en 1798, cuando se dará por separado al pueblo de Arona de la jurisdicción de Vilaflor. Comienza así la andadura histórica de este dinámico municipio.

La casa rural suponía un importante proceso de reflexión y de conocimiento del medio.

Este bello caserío de Altavista nos da la oportunidad de rememorar las características más destacadas de las edificaciones rurales populares de Canarias. Éstas tienen como elemento fundamental la “casa cubo” de formas simples, siendo los más básicos la piedra, la madera, el barro -al natural o transformado en ladrillos o teja-, y la cal. La cueva, la choza, la casa terrera o de un piso y la vivienda de alto y bajo son las cuatro estructuras habituales asociadas a la población campesina.

Su construcción suponía un proceso de reflexión de gran importancia, analizando su ubicación en el terreno y su posición respecto a cuestiones tan importantes como la luz solar o el lugar de procedencia del viento. Determinar el lugar de ubicación de la puerta y habitaciones, la orientación del sol en cada momento del día o precisar la temperatura interior del hogar fueron aspectos de especial trascendencia a la hora de la construcción de una vivienda rural. Se situaban generalmente en áreas de reducida productividad agraria.

El patio era la vida.

El patio fue el principal eje vertebrador de la vivienda rural, a donde se volcaban todas las puertas de las habitaciones, lugar de paso y ventilación de éstas al estar incomunicadas entre sí, debiéndose acceder de forma individual a cada una de las dependencias a través de él. En su entorno se localizaban la cocina, las cuadras, almacenes, el cuarto de aperos y, en algún caso, el horno. Frutales daban alimento y sombra. A cierta distancia de éste y de la propia vivienda se emplazaban los gallineros, las gañanías, los palomares, los establos y la letrina. El aljibe fue otro elemento primordial en los patios de las casas.

En patio se convirtió en un elemento aglutinador de la vida cotidiana de la población rural. En él se desarrollaban las labores colectivas de descamisado de piñas, partida de almendras o las tareas relacionadas con la alimentación. Éste fue el lugar de elaboración de la artesanía, además de cimentarse allí la cultura oral generacional y ser el lugar de las relaciones sociales cotidianas.

Había diferencias entre la casa campesina y la casa “del señor”.

La vivienda rural muestra una clara desigualdad entre la de los sectores populares y la perteneciente a los grupos acomodados. Estas diferencias eran apreciadas así a mediados del siglo XVIII por George Glas (Marino, comerciante y colono escocés): "las casas de los campesinos y de la gente de clase baja son de un piso, y están construidas con piedras y cal; los tejados van cubiertos con paja o cañas o tejas [...]. Las paredes de las casas aquí son de piedra y cal [...]. Las casas de la gente de cierto rango son de dos pisos, cuadradas, con un patio abierto en el centro [...]

Plats: